Esas ganas de dormir 78 horas seguidas y no hacer contacto con ninguna forma humana, ni de ningún tipo.

Me hizo sentir que el tiempo no existía. Cuando la abrazaba por la cintura, la besaba en el cuello y recorría su espalda podía decidir que el mundo desapareciera; al final no me importaba que se vayan todos si me quedaba con ella. Es que cuando estuve a su lado me sentí capaz de cumplir lo que se me viniera en gana. Sus labios provocaron el deseo que en más de una ocasión sacié; y su cintura, sus piernas, fueron el paraíso donde eché a descansar todos mis sueños después de darme cuenta que soy capaz de volar cuando la siento cerca. Tal vez no tengo alas, pero ella se convirtió en mi cielo. Cuando la conocí pude entender que la belleza puede personificarse, y vi en ella su máxima expresión de arte. Todo el mundo decía que guardaba estrellas en sus ojos, y no entendí tal metáfora hasta que me miró.


Estuvimos juntos toda la noche, hablamos, reímos, jugamos, nos acariciamos y besamos. Y al día siguiente me dijo que iba a tomar aire. Era de madrugada. Prometió que no tardaría más de cinco minutos. Y la sigo esperando. Duele pensar que las promesas mayormente se hacen para romperse. Y a veces la ausencia de alguien no se llena ni con el perfume que te dejó en la piel, o con las caricias que recorrieron tu cuerpo. No. La ausencia deja de ser ausencia cuando esa persona decide dar vuelta y volver al lugar del que nunca debió marcharse. La extraño. Debo admitir que estos son los cinco minutos más largos de mi vida.

― Cautiva libertad | Heber Snc Nur (via tormentadepensamientos)
La Luna guarda en su cara oscura esos insomnios, esas lágrimas, esos amores prohibidos, las más sincera confesiones, esas miradas de amor a la distancia
― (via brunodehojalata)